Tarde en el Auditorio

Hola hola hola. Qué tal????? Imagino que con ganitas de fin de semana. Ayer fui al Auditorio a escuchar la Orquesta Sinfónica de la Radio de Fráncfort, considerada una de las mejores orquestas de Europa. Para aquellos que entiendan un poco de música he estado investigando y ha ganado el Grand Prix de Disque por hacer la primera grabación de la versión original de varias de las Sinfonías de Bruckner, entre ellas la Octava, con Paavo Järvi al frente. Hacía siglos que no iba al Auditorio, desde las típicas excursiones con el cole y la verdad es que las casi 2 horitas que duró el concierto se me pasaron volando. Estaba agotada de todo el día en la universidad y pensé que una luz tenue, asientos cómodos y música de fondo iba a ser el ambiente perfecto para descansar y echarme una siestecita, pero NO, desde que empiezó a sonar la música sientes que no puedes desconcentrarte, aguantas la respiración, no puedes perder un segundo pensando en otras cosas, solo intentas no perderte nada de lo que esta pasando, todo es diferente y parece que no se repiten las notas. Pues eso, que me encantó!!!! :-) 

El otro día hablando de música me leyeron un artículo que me dejó impactada, aquí os lo dejo para que reflexioneis.

Un besito enorme



"Un hombre se sentó en una estación del metro en Washington y comenzó a tocar el violín, en una fría mañana de enero.
Durante los siguientes 45 minutos, interpretó seis obras de Bach. Durante el mismo tiempo, se calcula que pasaron por esa estación algo más de mil personas, casi todas camino a sus trabajos. Transcurrieron tres minutos hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un hombre de mediana edad alteró por un segundo su paso y advirtió que había una persona tocando música. Un minuto más tarde, el violinista recibió su primera donación: una mujer arrojó un dólar en la lata y continuó su marcha.Algunos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escuchar, pero enseguida miró su reloj y retomó su camino.
Quien más atención prestó fue un niño de 3 años. Su madre tiraba del brazo, apurada, pero el niño se plantó ante el músico. Cuando su madre logró arrancarlo del lugar, el niño continuó volteando su cabeza para mirar al artista. Esto se repitió con otros niños. Todos los padres, sin excepción, los forzaron a seguir la marcha.
En los tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo siete personas se detuvieron y otras veinte dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares. Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos, ni reconocimientos. 

Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los mejores músicos del mundo, tocando las obras más complejas que se escribieron alguna vez, en un violín tasado en 3.5 millones de dólares. Dos días antes de su actuación en el metro, Bell colmó un teatro en Boston, con localidades que promediaban los 100 dólares.

Esta es una historia real.
La actuación de Joshua Bell de incógnito en el metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas. La consigna era: en un ambiente banal y a una hora inconveniente,
¿percibimos la belleza?
¿Nos detenemos a apreciarla?
¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?

Si no tenemos un instante para detenernos a escuchar a uno de los mejores músicos interpretar la mejor música escrita, ¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo?"  (www.teatro.metri2.com.ar)