Una gran historia

Hay historias de amor como personas en el mundo. Adoro las comedias románticas, cuanto más cursis, empalagosas e irreales mejor. Soy de las que piensa que los sueños se cumplen, que los príncipes azules existen y que al final, siempre se comen perdices. Y es que... si uno no piensa así, de que sirve empezar una relación??

Fue una noche de septiembre, hace 6 años, cuando nos vimos por primera vez. Sinceramente, no recuerdo lo que hablamos, bueno miento... te conté que por la tarde había visto la película de "Las Bratz", así que mejor no recordarlo. No me fije en ti ese día, sólo sabía que tenias un BMW gris, llámame superficial. Tuvieron que pasar 3 meses para que volviésemos a hablar, y para que me llevases por primera vez a casa. Por aquel entonces no sabíamos la de veces que esto se volvería a repetir. Mis amigas habían organizado un viaje de ski al que se apuntaron tu grupo de amigos. Los primeros días tanteamos el terreno y nuestras miradas empezaron a coincidir más de la cuenta. El resto del grupo se dio cuenta inmediatamente de que tarde o temprano acabaríamos juntos, pero nosotros... tardaríamos un poco más en saberlo y el viaje terminó más o menos como empezó, cada uno por su lado.

No pasaron ni dos semanas para que empezásemos a salir. Los principios son mi parte favorita de las relaciones. Mucho que contar y compartir. Todo es nuevo, bueno y hasta hace gracia comprobar las diferencias, los defectos del otro, sus manías. Descubrir lo que nos gusta, escapar de los padres y vivir un poco una de las ventajas que tiene crecer, la independencia. Hemos crecido juntos.

Pero como en todas las historias de amor, no todo es de color de rosa desgraciadamente. Una carrera a la que tener que dedicar mucho tiempo nos obligaba a pasar tiempo separados. Por aquel entonces no sabía que te irías de Erasmus 6 meses, y menos que luego te volverías a ir otros 6 por trabajo. Me aferraba al calendario, porque dentro de lo malo tenía apuntada una fecha de vuelta, un reencuentro que duraría más de dos días. No llevo bien las distancias. No soy de las personas que necesita hacer absolutamente todo con sus parejas, pero me gusta saber que si te necesito estas a no más de unos kilómetros en coche.

Siento que esta vez es diferente. Durante 5 años ha habido algo que nos unía, a parte de nuestra relación, una carrera que teníamos que terminar, y eso sólo podía ser aquí en Madrid. Tantas ganas y prisas por acabar y cuanto me arrepiento ahora. Y es que... lo que pase a partir de aquí, depende únicamente de nosotros.


Estos días... quizás con la sensación de un tiempo limitado, el saber que existe una especie de "final" me ha ayudado a exprimir al máximo el tiempo contigo. Deberíamos vivir con este temor siempre, puede ser agotador, pero hace que la pereza desaparezca, que los planes surjan y que los besos cobren la importancia que tienen. No te has ido y ya te echo de menos.